Como en todo, el compromiso con lo que haces se nota, esto ocurre tanto en el mundo público como privado. La falta de compromiso se contagia, esto se ve en el estilo burocrático –me incluyo en ello-, el cuál asume el trabajo como una instrucción dentro de un organigrama, si me toca a mi lo hago si no, no, “pero si nada que ver conmigo eso pues … ” “pero si yo ya hice lo que me tocaba …” “lo lamento señorita pero es que de allá arriba aún no dicen que hay que hacer …” “ya hice lo mio, ahora me puedo ir para la casita…” Junto a este hay otro estilo que pasa más desapercibido, e incluso es mejor visto: el tecnocrático –en este me incluyo más todavía- “esto es lo que hay que hacer … ” “no hay otra manera de hacer esto…” “pero si las cifras lo dicen…” Este estilo olvida que la política es un dominio humano inherente, si lo olvidas al final te pasa la cuenta, y tendrás gente insatisfecha y reclamando por lo que haces. La tecnocracia impide que te sintonices y sensibilices con tus clientes, que inventes y negocios con ellos , lo que haces es mirar estudios y datos y de ahí sacas tus conclusiones, se te olvida que tu compromiso es con personas de carne y hueso.
Los invito a leer “La Política de las Políticas Públicas” documento que publica el BID en el Volúmen 8 de su revista Ideas para el Desarrollo en la Américas. En su introducción señala:
“Los enfoques estrictamente tecnócratas del diseño de políticas tienden a ignorar los pasos críticos del proceso de diseño, negociación, aprobación y aplicación de las políticas, proceso que alberga en su seno el turbulento mundo de la política. El proceso político es inseparable del proceso de formulación de políticas. Ignorar este vínculo entre ambos puede conducir, como en efecto lo ha hecho, a reformas inadecuadas y decepciones.”